¿Ysi el costo de aprendizaje se reduce a cero? ¿Y si la acreditación es el nuevo campo de batalla? ¿Y si los gobiernos financian a estudiantes individuales en lugar de a instituciones? ¿Y si la investigación comercializada financia las operaciones universitarias?, son algunos de los interrogantes planteados en el informe desarrollado por EY titulado “The Peak of Higher Education” en que se alerta sobre el fin de las universidades tal como existen actualmente, las que serían reemplazadas por servicios corporativos vocacionales y de investigación.

Seguramente, la nueva dinámica del mundo digital que abarca no solo a los negocios sino a la manera en que las personas se forman, deciden, trabajan y se relacionan, ha generado que a las empresas les cueste más conseguir talento que clientes. Si bien existe, lamentablemente, mucha gente en búsqueda laboral, lo cierto es que hay una gran brecha entre lo que el mercado demanda hoy, la formación y las habilidades profesionales del futuro y lo que muchos profesionales han podido desarrollar adecuadamente en su educación formal. Y todo parecería indicar que esta brecha será cada vez mayor en la medida que la formación superior no se adapte, transforme y/o se reestructure con nuevos modelos y ofertas.

Factores. Tamar y Oz Almog, ambos con una vasta trayectoria académica y de investigación en la materia, publicaron recientemente el libro Academia, todas las mentiras, en el que exponen vehementemente su visión respecto de cuáles serían los factores que han afectado el modelo actual de educación. El punteo considera: la inflación de las publicaciones científicas, que se traduce en un alarmante declive de la calidad, relevancia y confiabilidad de la ciencia; el anticuado control de calidad de la investigación empírica; la transformación de los miembros de la universidad en empleados sumisos y agotados en una línea de producción obsoleta; el escandaloso despilfarro de presupuestos y recursos; la obsesión por los rankings que arrastra a gobiernos e instituciones a un torbellino de autoengaño; el monopolio cínico y la codicia descarada de las corporaciones editoriales científicas; la falta de profesionalismo en la gestión de instituciones; la explotación y el engaño de profesores adjuntos y estudiantes de investigación; el menguante atractivo de una carrera académica; la transformación de las humanidades en un montón de palabrerías políticamente correctas; la devaluación del grado académico; la obstinada adherencia a métodos de enseñanza anticuados y la pérdida de la revolución de internet; la desconexión entre los planes de estudio y las necesidades de la sociedad y el mercado laboral; y las tácticas de marketing y creación de marcas que se utilizan para atraer a los jóvenes a inscribirse en instituciones y cursos vencidos. Vaya forma de llamar la atención.

Competencia. A nivel mundial, las universidades tradicionales están siendo golpeadas por múltiples tendencias disruptivas, incluida una mayor competencia tanto por la financiación como por los estudiantes, así como por los nuevos actores, que son más ágiles y más receptivos al entorno externo. Por ejemplo, surgen modelos de organizaciones privadas que brindan microcréditos para habilidades relevantes para el empleo. Otros casos incluyen a empresas globales como Google con sus “programas de carrera certificados” y la asociación de Facebook con universidades para entregar certificados de marketing. Estas empresas pueden crear programas actualizados de manera más rápida y a un costo menor que las universidades. En este contexto, las universidades perderían poco a poco el protagonismo de la formación profesional, tendiendo a quedar como una categoría más dentro de un sinnúmero de proveedores de servicios de conocimiento a los que se accede a través de diversas plataformas digitales, que reducen los costos marginales de distribución de contenido a casi cero y que, a la vez, posibilitan una escala, diversidad, actualización y un alcance casi infinito.

Loren Falkenberg (decana asociada senior, Universidad de Calgary) y M. Elizabeth Cannon (presidenta emérita de la misma universidad), quienes publicaron recientemente el libro Strategic University Management, destacan: “Basándonos en nuestras propias experiencias como planificadores estratégicos en universidades, hemos descubierto que muchos profesores titulares siguen convencidos de que la estructura universitaria tradicional proporciona el mayor valor a la sociedad, y la mayoría de las universidades se ven limitadas por sus amplias infraestructuras físicas y técnicas. Las universidades pueden sobrevivir en su estado actual, pero perderán legitimidad y valor percibido si no se adaptan. Y otras organizaciones se moverán rápidamente para reemplazarlas”.

Según las investigadoras, las instituciones sobrevivientes serán las que hayan tomado decisiones difíciles que incluirán el cierre de programas y departamentos, y la creación de nuevos enfoques para impartir programas sin dejar de desarrollar el pensamiento crítico y el juicio en los estudiantes. En términos de investigación, la universidad tendrá que equilibrar el apoyo a la investigación impulsada por la curiosidad y la investigación que se puede comercializar, incluida la investigación centrada en problemas sociales y ambientales urgentes.

¿Cuánto importa hoy realmente el título universitario? Según las prácticas actuales a nivel mundial, los títulos y calificaciones académicas seguirán teniéndose en cuenta y seguirán siendo una consideración importante al evaluar a los candidatos en su conjunto (al menos en el mediano plazo), pero ya no actuarán como una barrera para ingresar a una empresa. En muchos casos, parece ser que los reclutadores ven en los títulos universitarios un respaldo; después de todo, contratar a una persona que no funciona sin títulos podría generarles un dolor de cabeza para dar explicaciones a su cliente, mientras que si no toman a un no graduado que aparentaría haber sido brillante para una función nadie lo sabrá. El título oficia hoy como un seguro para aquellos reclutadores que deciden sobre un candidato respecto a otro de manera tradicional. Actualmente se observa una situación híbrida en el mercado: profesionales con determinados títulos universitarios que se transformaron (reskilling) desarrollando otros conocimientos y capacidades. Esto es algo que ocurre fuertemente en el mundo de la programación, donde profesionales de otras áreas acceden a más y mejor empleo con respecto a su carrera formal original.

En este contexto, las universidades podrían ir perdiendo su monopolio sobre la acreditación de cursos y el acceso a parte de la financiación gubernamental, mientras que las “credenciales sin título” se convertirían en la alternativa principal de muchos profesionales. Los empleadores y los organismos de la industria competirían directamente con el sistema de acreditación tradicional, mientras que otros se asociarían con universidades para desarrollar credenciales a medida. Según el informe de EY, “la pandemia demostró que, si bien las universidades llevan siglos con nosotros, no son inmunes a la reinvención empresarial que está acabando con los gigantes de los medios, los automóviles y la energía. En un mundo de ‘trabajo desde cualquier lugar’, la gente también quiere ‘aprender desde cualquier lugar’, y están surgiendo nuevas plataformas educativas para satisfacer esta demanda”.

Propuestas. Las propuestas son diversas. Algunos creen que se necesitarán muchas más universidades públicas pequeñas, boutique y enfocadas que sean de bajo costo y que funcionen en un modelo diferente. Otros opinan que se debería dividir las universidades en institutos de investigación, por un lado, e institutos de enseñanza por el otro. Lo cierto es que para mantener la integridad y la competitividad las universidades deben revisar los programas para equilibrar las necesidades educativas a corto y largo plazo, por ejemplo, como el caso de la European University Association en base al trabajo “Universities without walls: a vision for 2030”, mediante el cual se está planteando la readaptación y la reinvención de las universidades para hacer frente a la década que hoy estamos transitando.

Las visiones consideran: universidades públicas y privadas; plataformas de enseñanza online; nuevos modelos de educación financiada con microcréditos; empresas formando sus propios perfiles; programas mixtos cocreados entre empresas y universidades; programas rígidos y desactualizados versus modelos ágiles y flexibles orientados al mercado; investigación versus enseñanza; oferta global de contenidos que compiten con modelos locales o regionales. Y en todo esto aún no consideramos el impacto del metaverso como un nuevo actor que se sumará como experiencia adicional a lo que hoy existe en materia educativa, agregando un canal más para acercar más y mejor oferta educativa internacional a cualquier persona del mundo.

El conocimiento es especialmente vital en el nuevo mundo digital, cada vez más dinámico, disruptivo, y que tiende a la desmaterialización y desmonetización de modelos. Por ello, seamos conscientes de que la diferencia entre una amenaza y una oportunidad radica en la capacidad de reacción e innovación que tenga cada modelo y sector para hacer frente a estos desafíos. No creo que sea el fin de las universidades, sino el comienzo de su necesaria reinvención permanente.

Fuente: https://www.perfil.com/

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