Hay ámbitos, como por ejemplo en el escolar, donde cuando hablo de excelencia, no soy muy bien visto, pero como educadores y motivadores, ¿por qué no buscar la excelencia, entendiéndola como lo mejor que pueda ser en lo que quiera hacer? Es bueno mostrarles a los niños un faro en la lejanía del horizonte, es bueno tener modelos a seguir, y es bueno mantener los sueños de los niños, aunque sabemos que los objetivos deben ser alcanzables porque si no el niño se frustra al percibirlos inalcanzables, pero también se puede frustrar si no le damos la posibilidad de luchar por sus sueños y se los destruimos desde el primer día, o si no los motivamos a buscar los caminos para desplegar todo su potencial.

Acaso alguien sabe ¿cuándo es el momento justo de decirle a un niño que su sueño no es para él y que por más esfuerzo que realice no lo logrará? ¿Existe ese momento o simplemente sucede? ¿es necesario decirle o es mejor dejar que solo lo vaya descubriendo?

Por mi parte, cuando se habla de “excelencia deportiva” me da una perspectiva acotada de la persona a la cual nos referimos, ya que significa que es excelente únicamente en el deporte, pero no sabemos si lo es en otras facetas de su vida. Con el paso del tiempo, con más experiencia, y escuchando a grandes educadores, he ido adoptando para mí, como para con mis estudiantes o jugadores, el término “Excelencia en el deporte”, o sea, esa persona es excelente y lo aplica en el deporte. Siempre les digo, que deben intentar de ser excelentes en lo que hacen, en cualquier área de sus vidas, deben intenta de ser el mejor amigo, el mejor hermano, el mejor hijo, el mejor estudiante y también el mejor jugador. La excelencia, es una actitud, y como todas las actitudes, se construyen por hábitos, y éstos son meramente acciones que se deben repetir mucho para adoptarlas y automatizarlas.

La concepción de profesionalismo, en donde se considera una pequeña elite competitiva de alto rendimiento, en donde se vive de eso y se es bien remunerado, es una concepción que describo como: “El lugar al cual todos aspiran de llegar, pero pocos se animan a estar”.

Yo mismo lo viví. Soy profesor de educación física, ligado al baloncesto, que después de mis estudios me especialicé en alto rendimiento deportivo, estudiando una licenciatura, luego un pos-título y dos maestrías. Mi sueño siempre fue llegar a ese alto rendimiento. En mi ciudad solo había un equipo en lo más cercano al profesionalismo. Pero perseverando ingresé en ese club, primero como entrenador de mini básquet, luego de formativas, mientras colaboraba ad honorem en algunos encuentros de locales del platel profesional. Y llegó un día que fui reclutado para ser el preparador físico del platel, al año siguiente el platel ascendió a la segunda categoría de nivel nacional, en la cual participé como asistente técnico. En el transcurso de esos años recibí ofertas de irme a otros clubes siendo parte de ese cuerpo técnico, y algo que nunca conté a nadie, también recibí llamados para coordinar clubes en el exterior del país. Se me estaban abriendo las puertas, el camino para llegar donde siempre quise estar, para lo que vivía preparándome, y créanme que una parte de mí sí se sentía preparada, y a una buena edad.

El alto rendimiento no es subir una montaña y tomar un camino más difícil, de mayor exigencia. Eso era lo que pensaba. Pensaba que estaba subiendo una montaña, al igual que mis ex colegas del profesorado, que simplemente cada uno hacia su camino según a donde quisiera llegar, entonces si quería llegar un poco más alto debía tomar el sendero de la izquierda, mientras otros tomaban el de la derecha. Les digo, lo que si es cierto, el camino es difícil, es de mucho esfuerzo, y por momento de muchos sacrificios. Pero luego me fui dando cuenta, quizás por la topografía, flora y fauna de mi paisaje, que no estaba escalando la misma montaña. No eran caminos diferentes para llegar a la misma montaña de 3 mil metros de altura. Al éxito algunos llegan de una forma y otros de otra, pero todos llegan a la misma cima. Lo que yo vivía era que me habían cambiado de montaña. El alto rendimiento y ese profesionalismo era una inmensa montaña de 7 mil metros, y la dificulta era aún mayor, y tendría que aprender a no solo hacer treikking sino también a escalar, y en muchas ocasiones a escalar en hielo, era mucho más técnico, con muchas herramientas importantes que yo no tenía para salvar mi vida.

Cuando uno sube mucho, las cosas son aún más difíciles, esa pirámide que nos imaginamos se empieza a angostar, son menos los privilegiados que están ahí, pero la competencia es aún mayor, porque solo lo consigue uno o dos. Haber, como hacerme entender. Entrenar a mi madre que es sedentaria y mejorarle su carrera de 100 metros puede ser sumamente fácil, porque es tan malo su nivel, que no importa que metodología use, ni lo que hagamos, al nunca haber hecho nada es probable que su cuerpo se adapte y rápidamente en vez de tardar 25 seg pueda bajarla a 18 segundos, en pocos meses. Pero en ese mismo ejemplo si tengo que entrenar a Usain Bolt, es probable que deba ser muy preciso en el método de entrenamiento, y necesitar 4 años para poder bajar centésimas de segundos, de 9:45 seg a 9:40 seg. Esto es porque el cuerpo de Usain ya está entrenado casi a su máximo potencial, es muy poco lo que queda por ganar, y esto solo se consigue con mucho esfuerzo. Eso sucede en el alto rendimiento y profesionalismo. Yo subí y mejoré rápidamente, pero cuando se abrieron las nubes y pude ver la cima, me di cuenta a lo que realmente me enfrentaba.

El profesionalismo y excelencia, desde este punto de vista de la pirámide, es algo complejo, que no estuve dispuesto a afrontar. La idea de dedicar tanto tiempo, la idea de alejarme de mis amigos y familia, la idea de que si perdíamos me echaban y el stress psicológico que conlleva esa inestabilidad laboral, la presión constante por ganar de aficionados, jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y sponsors no es fácil de llevar, la exposición mediática es linda al inicio, pero luego puede jugarte en contra si uno no sabe manejar su privacidad. Observar que la cumbre está cerca pero no tanto, que ya llegas con tus piernas cansado por todo el camino recorrido, también juega en contra, saber que aún queda la peor parte, porque todos lo dicen, “lo difícil no es llegar sino mantenerse”, entonces ¿cuánto tiempo seré capaz de mantenerme? ¿mantenerme depende solo de mí o de otros factores que yo no puedo controlar?

Si, tuve la oportunidad, y no la tomé. ¿Me siento mal con eso? ABSOLUTAMENTE NO. Porque decidí tomar el otro camino de la excelencia:

“La auténtica tarea moral es llegar a ser todo lo que puedo ser, siendo lo que soy”

No era para mí ese camino, y no está mal darse cuenta y retroceder unos pasos y tomar el otro camino, quizás eso me salvó la vida. Aun mantengo las esperanzas de experimentar ese profesionalismo y alto rendimiento, pero nunca dejando de ser quien soy, uno debe acomodar bien sus prioridades a la hora de elegir.

Tuve un entrenador, que dirigía la primera del club, cuando yo arribé a trabajar en las formativas, una de las primeras charlas que tuvimos fue respecto a qué considerábamos ser profesional. Yo quería ser profesional del basquetbol y vivir de ello. Ese docente me dio un punto de vista, el cual hice propio desde entonces. Ser profesional y vivir de algo son cosas diferentes, ser profesional es siempre hacer las cosas con un amor tal, con una pasión tal, que nos lleve a buscar hacerlo siempre lo mejor posible y mejorando continuamente. Yo creo en eso. No importa tu edad, ni en qué categoría te encuentres, no importa en qué nivel de competencia te desenvuelvas, no importa el cargo que ocupes, ni el club al que pertenezcas, uno puede ser profesional en la búsqueda de excelencia en cada una de sus acciones. Cuando eres responsable y llegas un rato antes al entrenamiento para estar absolutamente reparado al momento del inicio, cuando te quedas un rato más entrenando tus debilidades, cuando ves videos, conferencias y clínicas buscando hacer las cosas mejor, cuando eres autocritico y abierto a las sugerencias de otros, cuando esa responsabilidad y respeto que debes tener por lo que haces y por quienes comparten lo que tú haces supera las líneas del campo de juego o el ámbito donde lo haces, y lo manifiestas en todos los planos de tu vida, las 24 hs y los 7 dias de la semana. Eso es ser profesional, eso es estar en el sendero de la excelencia.

Desde aquella incursión en el profesionalismo y el rendimiento, estoy implementado este camino. Existe un vocablo japonés, “Kaisen”, hace referencia a la mejora continua, y lo llevo escrito en mis cuadernos, en mis carpetas y hasta en mi refrigerador. Todos los días debo ser mejor que el anterior, debo aprender algo nuevo, y debo enseñar algo nuevo. A lo largo de mis capacitaciones, he escuchado a muchos autores, a grandes profesionales definir el éxito, la excelencia, y fui armando mi propia idea, basado en el vocablo kaisen.  Esta ecuación la acuñe una noche previa a una disertación, como no me gusta hablar de éxito, porque solo parece ser exitoso quien llega a una meta realmente grande e inalcanzable para la gran mayoría, prefiero hablar de progreso como sinónimo de éxito, porque hace referencia a cada pequeño paso que logras avanzar, hace referencia también al proceso, hace referencia a que la meta no es estanca y que una vez alcanzada se termina el juego, sino por el contrario, al conseguir la meta empieza lo difícil que es mantenerse en ese nivel, y siempre, se puede seguir mejorando.

PROGRESO= Motivación + Tiempo + Oportunidad

P = M + (Repetición + Corrección) + Op.

El progreso necesita mucha motivación para que me movilice a realizar muchas repeticiones y recibir muchas correcciones para mejorar, y nunca perder la pasión por lo que hago. Esas repeticiones y correcciones indefectiblemente necesitan tiempo de práctica. Y, por último, de nada serviría un hombre motivado que se pasó toda la vida practicando y mejorando, si al fin de cuentas nunca tiene la oportunidad de practicar, de poner en juego todo lo aprendido. El saber, sin saber hacer, solo queda en un plano mental que de poco sirve.

Por eso recomiendo “Ser Entrenador: entrenar y entrenarse para la excelencia”, nunca olviden que no puedo transmitir algo que no soy, porque uno enseña con el ejemplo.

 


Ruiz, Juan Manuel
Prof. Lic. Mgter.  en Educación Física

Aferys es una plataforma educativa virtual creada por los profesores de educación física: Juka Rosales, Juan Manuel Ruiz y Rodrigo flores quienes se propusieron como objetivo principal generar herramientas y recursos para los Profesores de Educación Física y ciencias relacionadas con el Deporte y la Actividad Física quienes ante la PANDEMIA por COVID-19 que azota al mundo y a nuestro País han debido suspender sus actividades profesionales.

A partir de esto y con las consecuencias económicas generadas al sector, se instrumentaron acciones con doble acción, que por un lado compartan conocimientos y herramientas y por el otro generar ingresos económicos a través de las propuestas.

AFERYS propone capacitaciones, cursos y difusión de artículos científicos y de interés para el sector. A su vez tiene un área de comercialización que funciona como Tienda digital y que puede aportar otra alternativa de ingresos en donde se comercializan producciones y libros de autores locales.

Las ofertas tanto las gratuitas como las de pago se alojan en una plataforma educativa de última generación que permite el cursado de los mismos de forma asincrónica, es decir en los horarios y días que disponga el profesional.

La idea central es poder organizar propuestas involucrando a todos los profesionales del área, sin limitaciones de tiempo o de lugar de residencia, no solo a capacitarse sino a reunirse en una plataforma que les permita, compartir y capacitarse desde sus casas, alentando también a colaborar económicamente con los colegas que tanto están sufriendo en esta crisis.

Fuente: https://jornadaonline.com/nace-aferys-una-plataforma-educativa-para-profesores-de-educacion-fisica/