En los tiempos actuales que transcurren, con la llegada de la pandemia del COVID-19 a la Argentina, y la instauración de la cuarentena obligatoria, mucha gente vio afectada su nutrición y alimentación diaria. Esa alimentación, que ya por si sola era dificultosa de llevar adelante en los días de normalidad, sufrió un duro revés con esta situación.

Muchos realizan dietas de adelgazamiento, pero son más aun los que realizan dietas naturistas, como uno más de los ingredientes de llevar una vida con hábitos saludables.

En primer lugar, se vio afectado la actividad física llevada a cabo por las personas, así fuese que realizaran actividad física regularmente o simplemente aquella actividad del día a día. Si bien son inmensas las posibilidades que el internet nos arroja para realizar actividad en casa, la realidad es que no todos disponen de elementos para cumplir con los ejercicios, muchos optan por actividades con el propio peso corporal, pero también es una realidad que la motivación cae al no estar en un grupo, al no pasar ese momento de distracción en un ambiente donde todos traspiren, quizás con música, o al aire libre, dedicado exclusivamente a ejercitarse. En muchos hogares los hijos menores hacen imposible que se dedique una hora de actividad, las interrupciones son la orden del día, y el despeje mental imposible. El celular o la computadora suenan marcando la entrada de un mensaje, atenderlo alarga las pausas dispuestas por el entrenador personal o por el programa de las plataformas virtuales que sigo. El llamado del esposo o esposa que necesitan algo, el niño que se atraviesa, o que quiere jugar con uno, y ni hablar de si tienes una mascota que también quiere usarte la colchoneta para dormir su siesta.

La salud mental se ve sacudida, las noticias solo hablan de una cosa, y nunca son buenas. Atrincherado en cuatro paredes se consuela con mirar por la ventana pasar algún vecino a las compras. Todo eso socava la tranquilidad mental y cada día que pasa suma más estrés: “hasta cuando estaremos así”, piensa uno.

Luego la otra pata de nuestro bienestar, el físico. Se empieza a ver, luego de una semana sin el adecuado ejercicio físico, la pérdida de masa muscular, la pérdida de capacidad aeróbica, etc. Entonces se entra en una especie de auto-flagelo por realizar más actividad de la que antes hacíamos, sin encontrar grandes resultados, ya que antes si asistíamos a un gimnasio teníamos a disposición varios cientos de kilos de mancuernas y discos para ejercitarnos, y ahora nos debemos consolar con alguna banda elástica (si es que tenemos), la cual no significa ni el 10% de lo que realizabamos.  Si antes corríamos kilómetros, ahora solo nos movemos algunos cuantos cientos de metros y ya estamos mareados por dar vuelta a la cocina, acelerar en el pasillo y girar en el patio. Es monótono, no es lo mismo. Y al cabo de algunos días, es probable que nos haya ganado la batalla el sillón y las nuevas propuestas de series que han salido por netflix.

Entonces nos queda un único bastión para auto-convencernos que aún podemos dar batalla: La Alimentación. Y nos repetimos una y otra vez que no engordaremos, cueste lo que cueste, eso no sucederá. Pero antes quizás almorzabas en la oficina, te llevabas tu vianda, estaba todo medido. O quizás almorzabas en tu casa solo porque tu pareja tenía horarios diferentes, o almorzaban juntos pero rápido, porque después se continuaba la rutina del trabajo. Ahora, uno pierde la noción de qué día es. He visto conocidos que parece que viven en domingo permanentemente, asados todos los días. Los almuerzos son tranquilos, hay tiempo para repetirse un plato más, hay tiempo para hacer asado todos los días, o elaborar unas buenas pastas con tuco casero (obvio acompañado de pan para soparlo en esa salsa). Y en las tardes, no hay nada que nos distraiga, y cada media hora, en el aburrimiento, y entre serie y serie, uno tropieza con la misma piedra una y otra vez: la heladera. Pasea por el comedor, luego por el patio, mira de reojo la cocina, pero se repite que este día ganará una batalla y evita la comida. Con el transcurrir de las horas, y ver por las redes sociales la tentación de que todos los conocidos empiezan a exhibir las deliciosas comidas, uno cae en las garras desbordadas de la ansiedad y el hambre, y piensa: “bueno, no puedo hacer lo que me gusta, por lo menos como algo que me gusta, me lo merezco después de tanto esfuerzo”.

 

Entonces, con una mente abarrotada de malas noticias, frustrados por la sesión de ejercicios indoor casero, y aturdidos por las imágenes de comida, perdemos la guerra.

En este escenario desolador, decidimos poner un poco de optimismo y pensar que solo a nosotros nos pasa. Olvidada detrás de una bandeja de desayuno, como si hiciese años que estaba perdida, encontramos una pequeña bolsa, en su interior parece haber rastros de tutucas, y por fuera observamos la marca de esa dietética la cual visitábamos asiduamente. Es por ello que decidimos charlar con una dietética de renombre, no solo por su trayectoria (quizás una de las más antiguas de la provincia, y por qué no del país), sino también por la calidad de productos y la atención que ha demostrado todo este tiempo.

Nos referimos a la Dietética Montevideo, ubicada en pleno centro mendocino, en la calle por la cual toma su nombre.

Dialogamos y le preguntamos por cómo había influido la cuarentena en sus ventas, si habían notado cambios de conductas en las compras de sus clientes, y qué productos nos podían aconsejar para esta época del año tan especial.

Guillermo, su dueño, nos explica sin ningún problema como vive estos días, y después de presentar su persistente preocupación respecto a mantener abierto el negocio que tanto le costó forjar, y manifestarnos la preocupación por las más de 15 familias que dicho negocio sustenta, es que nos comenta que días antes que se anunciara la cuarentena obligatoria, ya la gente presumía lo que se podía avecinar, y las ventas se incrementaron casi al doble, pero luego, una vez implementado la  obligatoriedad, y por su ubicación céntrica donde se hace difícil el acceso de gente, éstas ventas se resintieron en demasía, manteniendo el mayor caudal a base de envíos a domicilio y deliverys.

Explica: “La modalidad de la venta cambió, ahora no podemos aprovechar la atención personalizada que siempre realizamos, nuestros clientes suelen acercarse a buscar productos por consejos de nutricionistas, especialistas o doctores, traen interrogantes, necesitan ver lo que van a comprar, y que le expliquemos cómo tomarlo, cómo prepararlo, qué otros productos suplementan esos beneficios, en fin, ahora todo es diferente.”

Nosotros: – Seguramente cambiaron algo en cuanto a la forma de ingresar al local.

G: – “si, la conducta de la venta cambió demasiado, la atención es más ligera, la venta es rápida y apurada. Tomamos todos los recaudos necesarios para nuestros vendedores, como el uso de guantes, barbijos y alcohol en gel; la gente espera afuera en fila con una distancia grande. Se les pregunta que llevarán, muchos lo traen anotado, en caso de no conocer los productos el vendedor ingresa y se los acerca afuera, y cuando se concreta la venta se les acerca afuera el posnet o el ticket.”

Nosotros: -En cuanto a los productos más buscados ¿Cuáles son?

G: – “Aumentó la venta de cereales, legumbres, frutos secos y harinas. Mucha gente que compra panes integrales decidieron hacerlos ellos mismos ya que las panaderías no tienen delivery en su mayoría.”

“También se busca muchos productos que ayudan a reforzar las defensas del organismo como los propóleos, la miel de abeja, y el polen, sumado a los comprimidos de Vitamina C, el Magnesio, y la Equinacea. Todos ellos con algún beneficio antibacteriano, antibióticos, y que ayudan a prevenir resfríos y gripes, adelantándose a los fríos que se vienen, ya que al ser productos naturales necesitan un tiempo de ingesta para notar sus beneficios.”

“Se dejaron de comprar artículos más superfluos como la cosmética, comprimidos de carotenos, colágeno, y algunos otros”

En conclusión, nuestros hábitos no solo cambiaron dentro de casa, también cuando salimos de ella a realizar compras, la batalla está librada, y seguramente dure el resto del año, porque los kilos de más y el estado físico perdido, demandará su tiempo para ser recuperado, esperemos lograrlo para el próximo verano. Un verano que nos encuentre libres de esos kilitos, libre de reclusión en nuestros hogares, con nuestra rutina retomada y con el coronavirus controlado.

Sé que es mucho pedir, pero es lo único que me mantiene las esperanzas, pensar una humanidad mejor, más solidaria, y con una guerra más por nuestra extinción superada.

Saludos

 

AFERyS CEO and Founder

Mgter. Ruiz, Juan Manuel